Oración, humildad y el joven rico: seguir a Jesús con las manos vacías
- Eric Pardine

- 25 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Introducción: En busca de lo que más importa
La vida está llena de anhelos: éxito, seguridad, relaciones e influencia. Pero cuando las personas acudieron a Jesús en Mateo 19, sus necesidades eran sorprendentemente similares: oración por sus hijos, vida eterna y una recompensa duradera. Este pasaje nos recuerda que la verdadera bendición no se encuentra en las posesiones ni en el estatus, sino en la humildad, la fe y la disposición a seguir a Cristo con las manos vacías.
Hijos y humildad en el Reino
Los padres llevaron a sus hijos a Jesús para que los bendijera, pero los discípulos intentaron apartarlos. Jesús los corrigió: «Dejad que los niños vengan a mí, porque de los tales es el reino de los cielos» (Mateo 19:14).
Los hijos representan humildad, dependencia y confianza: las mismas cualidades que Dios requiere para entrar en su reino. Los padres que superaron la resistencia de los discípulos demostraron fe, lo que nos muestra que la oración y la perseverancia son vitales para criar hijos y nietos para Cristo.
Aplicación: Dios honra la humildad. Ya seas padre, abuelo o mentor espiritual, acerca a tus hijos a Jesús en oración y con tu ejemplo.
Solo Dios es bueno
Un joven rico se acercó a Jesús y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?». Jesús respondió cuestionando sus palabras: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino Dios».
Esto no era una negación de su divinidad, sino un desafío: ¿Reconocía el hombre a Jesús como Dios? El gobernante confiaba en su propia bondad, pero las Escrituras nos recuerdan: «No hay justo, ni aun uno» (Romanos 3:10). La salvación no se gana por la moralidad; solo viene por gracia mediante la fe.
Aplicación: Debemos dejar de compararnos con los demás y, en cambio, reconocer que solo Dios es verdaderamente bueno.
Guardar los Mandamientos No Es Suficiente
Jesús enumeró varios mandamientos sobre amar al prójimo: no asesinar, no robar, honrar a los padres. Pero el gobernante respondió rápidamente: «Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué me falta todavía?».
Aquí radica el problema: la obediencia externa no basta. El hombre pensaba que la bondad se medía al evitar el pecado, pero Jesús estaba a punto de revelarle su problema más profundo: la idolatría.
La Prueba de las Riquezas
Jesús le dijo: «Vende lo que tienes, dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme».
Este no era un mandato general para todos los creyentes de venderlo todo, sino una prueba de corazón para este hombre. Su riqueza era su dios. Se marchó triste porque amaba las posesiones más que a Cristo.
Entonces Jesús declaró: «Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos». Imposible para el hombre, pero posible para Dios.
Aplicación: La riqueza y la comodidad pueden cegarnos a nuestra necesidad de Dios. Seguir a Jesús significa soltar lo temporal para recibir lo eterno.
Recompensas eternas por seguir a Cristo
Pedro preguntó: «Lo hemos dejado todo para seguirte. ¿Qué tendremos, pues?». Jesús prometió que quienes se sacrifican por Él recibirán el ciento por uno: familia espiritual, provisión y vida eterna. Pero también advirtió: «Muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros».
Este reino al revés nos recuerda que el estatus y las posesiones significan poco para Dios. Lo que importa es la fidelidad, la humildad y la perseverancia hasta el final.
Conclusión: Manos vacías, corazón lleno
El joven rico se fue triste porque tenía las manos demasiado ocupadas para recibir lo que Jesús le ofrecía. Los niños llegaron sin nada y fueron bendecidos. Los discípulos estaban aprendiendo que la recompensa eterna requiere entrega.
La invitación es la misma para nosotros: soltar lo que nos estorba, seguir a Jesús y encontrar el gozo que el dinero nunca puede comprar. Con Dios, lo imposible se hace posible.





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